Cómo saber si tu trabajo está afectando a tu salud mental
Estás compartiendo el fin de semana, ya sea con familia, amigos o simplemente, dedicándote tiempo a ti mismo. Todo fluye. Te sientes bien. Pero llega el domingo y comienza la inquietud. Tienes una sensación de desasosiego, de tristeza, de vacío. El lunes te levantas sin ánimo, sin energía. No lo entiendes. Te gusta tu trabajo. O al menos, eso crees. Y es que muchas veces el problema no es lo que haces, sino cómo te sientes en ese entorno, con esas dinámicas, con esas relaciones, con esos compañeros, o con esos proyectos. Piensas en cambiar. En dejarlo. Te entran el miedo y las dudas. Y ahí sigues, atrapado en el mismo círculo semana tras semana. El contexto laboral puede suponer un factor de riesgo para la salud mental de las personas – y esto, lamentablemente, es una gran realidad – Cargas de trabajo que exceden a los recursos disponibles, sensación de inseguridad, percepción de injusticia, mala comunicación, falta de confianza o liderazgo abusivo son algunos de los factores que pueden generar estrés, desgaste emocional, ansiedad y otras formas de malestar psicológico. No es un tema exclusivamente tuyo, de tu forma de ser o de tu capacidad de adaptación. Y esto es importante entenderlo porque durante años se nos ha transmitido la idea de que si algo no funciona, probablemente el problema esté en nosotros. Que tenemos que ser más resilientes, más fuertes, más positivos o más capaces de gestionar la presión. Y bueno, puede haber cosas muy nuestras que trabajar (siempre hay cosas que pueden revisitarse), pero normalmente el problema es una suma de cosas y otras (y más frecuentemente de lo que pensamos) el problema real está en el entorno, en como nos dirigen y en la cultura empresarial. Analizar y reconocer la fuente del problema nos convierte en conscientes y la conciencia es la puerta de entrada a una solución. Además, existe otro factor que dificulta todavía más identificar el problema: la normalización. Muchas personas permanecen durante años en entornos laborales que perjudican su bienestar porque terminan considerando normales situaciones que no deberían serlo. Normalizan trabajar con miedo, normalizan la falta de reconocimiento, normalizan la tensión constante, normalizan sentirse agotadas. Esta normalización se da a todos los niveles dentro de la estructura organizativa, ningún nivel es inmune. Y cuando algo se normaliza durante demasiado tiempo, deja de cuestionarse. Las señales pueden no ser evidentes Las señales de que el trabajo está afectando a nuestra salud mental no siempre aparecen de forma dramática. A menudo son sutiles y progresivas: Tomadas de forma aislada, muchas de estas señales pueden parecer poco importantes. El problema aparece cuando se mantienen en el tiempo y empiezan a formar parte de nuestro día a día. O pueden ser muy evidentes En otras ocasiones el cuerpo y la mente hablan mucho más claro: Cuando llegamos a este punto, normalmente llevamos tiempo arrastrando una situación que no hemos terminado de mirar de frente. Pero si mi trabajo me gusta… Este es probablemente uno de los aspectos que más confusión genera. Porque muchas personas piensan: «No puede ser el trabajo. A mí me gusta lo que hago.» Y ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Puedes disfrutar de tu profesión y sufrir dentro de tu organización. Puedes sentir pasión por tu trabajo y estar agotado por las dinámicas que existen a tu alrededor. Puedes sentirte realizado con tus responsabilidades y, al mismo tiempo, sentir miedo de determinadas personas, reuniones o situaciones. No siempre es la profesión. Muchas veces es el contexto. Averiguarlo requiere un ejercicio de honestidad Un trabajo es un medio para ganarse la vida y, para los más afortunados, un medio de realización personal, pero nunca debería costarnos la salud física ni mental. Averiguar si tu trabajo está afectando a tu salud mental pasa por un ejercicio de introspección en el que analices cómo te sientes, siendo justo contigo mismo y valorando también otras variables de tu vida. Pregúntate: Las respuestas a estas preguntas no siempre son absolutas, pero suelen ofrecer pistas muy valiosas. Ningún trabajo debería costarte la salud Si al leer este artículo te has sentido identificado con algunas de estas situaciones, no significa necesariamente que tengas que cambiar de trabajo mañana ni que exista un problema grave. Significa simplemente que merece la pena prestar atención. Porque trabajar puede ser exigente. Puede implicar presión, responsabilidad y momentos difíciles. Pero no debería implicar vivir con miedo, ansiedad constante o una sensación permanente de malestar. La salud mental no es un lujo ni una moda. Es la base sobre la que construimos nuestra vida profesional, nuestras relaciones y nuestro bienestar. Y cuanto antes seamos capaces de identificar aquello que nos está haciendo daño, antes podremos decidir qué hacer al respecto. En El Gabinete de Patricia García podemos ayudarte a que consigas esa claridad con una mezcla poco usual: experiencia directiva real, psicología especializada en coaching y un profundo conocimiento del funcionamiento de las organizaciones. Cuéntame algo más y avanzamos.

