La soledad del cargo: implicaciones en la salud mental de líderes y directivos

Cuanto más ascendemos en una organización, más frecuente es sentirnos solos.

Menos conversaciones sinceras. Más decisiones que no pueden compartirse. Más responsabilidad. Más presión. Menos espacios donde mostrarse vulnerable.

La soledad del cargo es una realidad de la que se habla poco, pero que puede tener un impacto significativo en la salud mental de líderes y directivos.

En este artículo reflexiono sobre una de las caras menos visibles del liderazgo y sobre por qué aprender a pedir apoyo también forma parte de dirigir bien.

¿Tienes un jefe tóxico? 7 señales para identificar un liderazgo tóxico

Cuando hablamos de liderazgo tóxico solemos imaginar a un jefe que grita, humilla públicamente a su equipo, genera conflictos, es irrespetuoso, etc. Sin embargo, la realidad suele ser bastante más sutil y puede adoptar muchas formas, que se disfrazan de varios tópicos “Es su forma de ser”, “Lleva años dirigiendo así” “Está sometido a mucha presión” ¿Os suena? Y no, aunque os sorprenda, un líder tóxico no siempre es una mala persona. A veces se trata de alguien técnicamente competente que carece de habilidades de liderazgo; otras veces es alguien que dirige desde una presión excesiva y, en muchas ocasiones, son personas que lideran desde la inseguridad o desde una baja autoestima profesional. Sea cual sea el motivo, el resultado suele ser parecido: equipos menos comprometidos, más agotados, equipos que dudan, equipos inseguros y como no, un negocio que no avanza como debería. Si tienes un jefe tóxico, estas son algunas señales que quizás te sean familiares. 1. Nunca sabes a qué atenerte Un día algo está bien. Al día siguiente, exactamente lo mismo está mal. Las prioridades cambian constantemente, las instrucciones son ambiguas y las expectativas parecen moverse en función de su estado de ánimo. La consecuencia es sencilla: las personas dejan de sentirse seguras. No saben cómo actuar, qué se espera de ellas ni qué criterio aplicar. Y hay algo claro: cuando desaparece la seguridad, aparece la ansiedad. 2. El error se castiga En organizaciones saludables, los errores se analizan y se aprende de ellos. Incluso, en las más avanzadas, hasta se celebran. En organizaciones tóxicas, los errores se buscan para señalar culpables. Y es una pena, porque todos fallamos en algún momento. Si cada error se convierte en una amenaza, los equipos dejan de innovar, dejan de asumir responsabilidades y empiezan a trabajar desde el miedo, desde la comodidad de la zona segura. 3. Sientes tensión antes de reunirte con esa persona No todas las reuniones tienen que ser agradables. Es trabajo, es normal. Pero tampoco deberían generar una sensación recurrente de angustia. Si cada conversación con tu responsable te provoca inquietud, si repasas mentalmente todo lo que vas a decir antes de entrar en su despacho o si sientes alivio cuando una reunión se cancela, merece la pena preguntarte qué está ocurriendo. Muchas veces el cuerpo detecta antes que nosotros aquello que nos hace daño. 4. Todo gira alrededor de una única persona Las ideas siempre tienen el mismo dueño. Los éxitos tienen el mismo protagonista. No hay cocreación ni trabajo en equipo porque solo importa una opinión. Y es que cuando el ego ocupa demasiado espacio, el talento de los demás suele quedarse sin sitio. 5. No existe confianza La confianza no se cuenta en la reunión anual de feedback. Se demuestra en el día a día. El micromanagement es uno de los principales factores de malestar laboral. Un jefe que revisa constantemente cada detalle, que controla en exceso, que cuestiona sistemáticamente el criterio de su equipo o que necesita supervisarlo todo está enviando un mensaje muy claro: «No confío en ti. No confío en vosotros.» Y cuando las personas sienten que no se confía en ellas, terminan dejando de confiar en sí mismas, de darse valor y de atreverse. Y volvemos otra vez a la parálisis, a la dependencia y a la ralentización de la organización. 6. Las personas tienen miedo a expresar su opinión Uno de los indicadores más claros de una cultura tóxica no es lo que la gente dice, sino lo que deja de decir. Cuando el equipo evita enfrentar problemas, cuestionar decisiones o aportar ideas por miedo a las consecuencias, la empresa pierde una de sus fuentes más valiosas de inteligencia. La diversidad de pensamiento desaparece. Y con ella, también desaparecen muchas oportunidades de mejora. 7. Te está afectando fuera del trabajo Esta es probablemente la señal más importante. Porque el liderazgo tóxico no se queda en la oficina, sino que nos acompaña a casa. Se manifiesta en forma de irritabilidad, insomnio, cansancio emocional, apatía, ansiedad o dificultad para desconectar. Empiezas pensando en una reunión durante la cena. Sigues cuestionándote si lo hiciste bien o mal, si la respuesta era la que esperaban. Analizas la cara que puso tu jefe. Contestas mensajes fuera de horario por miedo a que piensen que no estás comprometido. Y sigues rumiando durante el fin de semana. Y poco a poco, sin darte cuenta, la inseguridad que te genera el trabajo empieza a ocupar espacios que antes pertenecían a tu vida, a tu ocio y a tu familia. Como veis, no solo hablamos de cómo afecta a las personas y a su salud, también hablamos de cómo afecta a las empresas, a su desempeño, a su capacidad de innovación y, en última instancia, a sus resultados. ¿Y qué puedes hacer tú? Lo primero es entender que no siempre podemos cambiar a nuestro jefe. De hecho, probablemente sea una de las variables sobre las que menos control tenemos. Lo que sí podemos hacer es tomar conciencia de cómo nos está afectando esa relación y decidir qué queremos hacer con ello. A veces será posible establecer límites más claros. Otras veces será necesario mantener conversaciones difíciles y en ocasiones ayudará buscar apoyo dentro de la propia organización. Y, siendo honestos, incluso en algunas ocasionas, la solución pasará por valorar un cambio de proyecto o de empresa. Lo importante es no caer en la trampa de normalizar el malestar. No porque otras personas lo soporten significa que sea saludable. No porque lleves años trabajando así significa que sea normal. No porque tu jefe tenga mucho conocimiento técnico significa que esté liderando bien. Y, sobre todo, no permitas que una mala experiencia profesional termine definiendo tu valía. Muchas personas brillantes, competentes y comprometidas han llegado a dudar de sí mismas simplemente porque han pasado demasiado tiempo trabajando bajo un liderazgo inadecuado. La pregunta importante Si has llegado hasta aquí, quizás la pregunta no sea si tu jefe es tóxico. Quizás la pregunta sea otra: ¿Cómo te sientes tú